Entrevista a Polaco Sunshine


“Vamos a una feria artesanal y si tiene el bichito que hace el ruidito de la selva, lo compramos”


Gary (30) y Faca (32)


Por: Adrián Bechelli y Gaby Areal Velez


Foto: Gaby Areal Velez


Desde hace tres años (“Nuestra amistad tiene seis horas más que la banda”), los polacos se juntan a hacer música para animales y extraterrestres. Su misticismo musical, sumado a la riqueza tímbrica y a sus vistosas puestas en escena, los convierten en una banda de culto. Durante un ensayo en el barrio de flores, hablamos de la originalidad y las canciones.




¿Para qué sirven las canciones?

Gary: A alguna gente le sirve para ordenar la pieza. (Risas) Es raro gente que no le guste la música, pero hay. A esos no les sirve para nada. A algunos les sirve para relajar.

Faca: Son canales también. Una canción es una invocación. Uno no canta cualquier canción. Uno conjura determinadas energías al hacer una. Es un llamado a una actitud, a un estado. Y a algo simple también, a comer algo tranqui o a meditar también.

¿Cómo piensan la creatividad?

Gary: La creatividad para mí es espacio. Es generar un espacio y es parte del espacio. Si uno está sin espacio, estresado… La creatividad artística para mí es espacio mental, imaginación, se desarrolla.

Faca: Tiene que ver con el espacio interno, y el silencio también. Me parece que la creatividad es una actitud, una forma de sentir. Me la voy a jugar, no se si esto es verdad: a una persona que no trata su vida en forma creativa no me la imagino siendo un creativa artísticamente. O viceversa, una persona creativa que haga una arte no sé… ¿Qué es lo contrario a creatividad? ¿Muerto? Y la creatividad también es un espacio interno y un silencio que permita cantar libre lo que tenés que cantar.

Gary: Para mí una planta por ejemplo es algo creativo. Tiene que tener espacio para crecer, para crearse. Si vos agarrás una planta y la metés adentro de una caja, se acabó la creatividad. Para mí es muy parecido a lo que pasa con los seres humanos.

Faca: Pero la caja la ponemos nosotros. No tiene que ver con una situación de vida. La caja es nuestra, puesta acá, tuc. Y entonces el aura no se expande, no es libre. El Cuarteto para el fin de los tiempos lo hizo un chabón (Olivier Messiaen) en el campo de concentración. Es una obra de vanguardia, y hermosa, súper creativa. Y el chabón estaba oprimido por todos lados. Me imagino que se habrá hecho el espacio interno para que eso… Supongo que si vivís en la naturaleza estás en contacto con otra apertura.


Para mí hay algo muy meditativo en lo que dicen y en lo que hacen…

Faca: Sí, yo hago tai chi ponele. A nuestra música le decimos folk rock mantra niño orquesta. Cuando tocamos con polacos, a mi me pasa que tengo que bajar un peldaño para entrarle. Ponerse a tocar (sin antes bajar) es medio raro. Hay algo de meditativo en eso.

Gary: Siempre antes de tocar hacemos unas respiraciones. Una inhalaciones y exhalaciones de camellos. Inhalamos cosas ficticias y exhalamos cosas ficticias. Inhalamos lo que sea, lo transformamos y exhalamos otra cosa.

¿Por ejemplo?

Gary: Inhalamos pijas y exhalamos conchas. O inhalamos camellos y exhalamos calefones.

Faca: Inhalamos y exhalamos de verdad, eh. Es como un pequeño ritual para entrar.

Como un dadaísmo-zen…

Faca: Podría ser… ¿Qué es? No sé bien que es el dadaísmo.

Pensé que nos lo iban a explicar ustedes. (Risas)

Gary: El daia dada.

¿Qué quieren decir con sus letras?

Gary: Yo no sé bien qué sentido tienen las letras. Son disparadores.

¿Disparadores hacia dónde? ¿Hacia dónde despega un espectador en un show de polacos?

Faca: Hacia la cuarta dimensión.

Gary: Hacia donde quieran. Hacia deprimirse, hacia ponerse felices. Igual creo que la gente se va de un show de polacos con una sensación de bienestar, o está también el que no entiende nada, y se va enojado. Creo que irradiamos algo positivo, luminoso. Una cosa que lo hace difuso es que en los shows tratamos de que se fundan los temas. Hay momentos de improvisación, como si hubiera solos, o ciertos momentos de una sonoridad que nos va a introducir a una canción…El trabajo es así como lo viste en el ensayo, en todo, es ir haciéndolo.

¿Y ustedes, a dónde que quieren llegar en los shows?

Faca: Es como un orgasmo femenino, eso lo hablaba con Kamenetskyi (Gustavo, actor que se presenta en vivo junto a los polacos). Es mucho mas meseta con altibajos, que una cosa así hasta eyacular y caer.

Gary: Para mí la fantasía es algo que está muy planteado. Todo un concepto de animalitos, que no existen o sí existen, la figura de Hernán O… Me parece que va bastante por ahí. Abrir la imaginación y jugar. Ya tenemos treinta pirulos. Permitirse decir: la ardillita que es amiga, como cuando éramos chicos. Eso es muy importante para nosotros, la parte lúdica.

A mí me da la sensación que hacen música para animales…

Faca: Muy loco, tenés una mente medio sincrónica, porque en un momento le decíamos: música para nutrias. Por eso decía la cuarta dimensión: la fantasía, un sueño, las cosas que no… ¿y que quiere decir esto? Como que eso no se puede preguntar.

Gary: Y que la gente se divierta. Para mí es fantasía, diversión y disparadores que te lleven donde quieras.

¿Cómo se plantean la experimentación en su obra? ¿Cuál es el límite entre experimentar e irse al carajo?

Faca: Cuando hacemos los arreglos nos guiamos por como los sentimos, improvisamos. Si inhalás acá, allá querés exalar. Y en un momento vemos que eso nos hace sentir a los dos de la misma manera y ya está. Me parece que no lo hacemos caprichoso. Lo vamos sintiendo y donde nos parece que está mejor… Es el yin y el yang: mucho de algo, necesitás un poco de lo otro, un balance. Eso se siente. No es algo intelectual, lo sentís. Si estás mucho papapapá, necesitás un poco de otra cosa, y vamos tratando de experimentar que es esa otra cosa que se necesita.


En la instrumentación de polacos hay una fuerte presencia de lo tímbrico, ¿cómo lo piensan ustedes?

Faca: Yo no lo pienso. A mí siempre me gustaron los intrumentos. Voy a una feria artesanal y si tiene el bichito que hace el ruidito de la selva, me lo compro. Me gusta. Y la recopilación de todos esos instrumentos produce sola la variedad de timbres.

Gary: Yo una vez hace dos años me fui a la Prilidiano Pueyrredón, la escuela de arte, que tenía unas canillas espectaculares. Y me fui a grabar, a hacer un concierto de canillas: shhhhhhh. Tenía una salón grande, estaba buenísimo.

¿Qué le recomendaría a alguien que quiere crecer haciendo música?

Gary: Que la disfrute, como base.

Faca: Que no pierda el contacto con el disfrute, porque en el camino a ser músico hay muchos obstáculos. Mientras disfrute la energía, y esté en ese centro, puede también tocar unos rocks con una guitarra. No importa a dónde te lleve el disfrute, sino estar en ese disfrute.

¿A qué obstáculos te referís?

Faca: Mucho estudio, de repente técnico, te puede desviar del disfrute. O la competencia. Querer ser mejor que otro en vez de encontrar tu lugar en ese camino.


Escuchá Polaco Sunshine acá: www.myspace.com/polacosunshine

Maia Croizet, artista visual diciembre 10

Creo que el mejor momento en que sale una imagen es cuando la mente se pone en blanco. Es ahí cuando se une el disfrute de estar haciendo una foto, con el de darme cuenta que mi cabeza llega un nivel mas allá de lo que puedo manejar y hay Una percepción, Un algo en estado primitivo que trabaja sin ningún concepto consciente. Es en el olvido de todo cuando todo sale.


Lo único q puedo describir de lo que me dispara hacer ciertas fotos es que hay algo en ESA escena que me llama la atención y me causa extrañeza y diversión al mismo tiempo, me causa gracia.

No se trata de belleza, sino de algo que en el momento no logro entender del todo y creo que mediante la foto puedo volver a Verlo y encontrarle Los significados que se me ocurran.

Y es recién en el redescubrimiento de la obra cuando logro poder ver aquello imperceptible que estaba en el momento de la toma, como algo materializado y concreto en colores, climas, personajes.



Entrevista a Sebastián Kizner

“Hay otra parte que ya no podés explicar: cuando al artista le salta esa cosa o no le salta”

Sebastián Kizner, escritor y actor (24 años)


Por: Adrián Bechelli
Foto: Gaby Areal Velez



Su nuevo libro, Metajarra, ya tiene 1000 páginas. Hace percusión con su propio cuerpo. Trabaja en tv, teatro y comedy hall. Irónico y preciso, comparte su método para atrapar estrellas.




¿Qué es un artista?
Es una terminología insoportable… Artista es quien hace arte. Quien ejerce y quien se considera. En el momento que decís bueno, soy artista, ahí sos artista. En el punto en que te clasifican como artista y vos seguís sin creer en eso, no lo sos, o lo sos para el medio pero no para vos.

¿Vos como te considerás?
Me considero un artista. Sí, sin duda. Pero no como el medio impone el éxito o las formas de ser un artista. Busco, soy un buscador. No me auto titulo. Me lo pedís, me pongo buscador.

¿Qué hace a un artista creativo?
Que tenga una búsqueda o muy avanzada o muy particular. Y tal vez avanzada sea particular, se mezclan esos dos términos. Hay gente que no ha leído a sus contemporáneos, no ha leído clásicos, y no sé cómo aparecen con una obra magnífica. Pasa.
Mi recomendación es investigar. Yo necesito conocer. Necesito saber qué está pasando con la poesía contemporánea en Bolivia, Estados Unidos, Colombia, Alaska, ¿qué hacen los poetas de Alaska? ¿Qué es lo nuevo en general, a nivel mundial? Tengo Internet, tengo miles de herramientas, si no lo estoy buscando soy un pancho. Entonces, una vez que más o menos olfateo una recta temporal en mi propio país, más o menos lo que estuvo pasando en Latinoamérica, empiezo a entender qué pasó en los 70s, qué pasó en los 90s, y empiezo a ir a ciclos y a ver qué pasa a mi alrededor, quiénes son mis contemporáneos… Empiezo a pensar qué es mi generación, qué son los lenguajes, cuál es la búsqueda, cuáles son las puntas que podrían pertenecernos que no pertenecen a otra época.
Todas éstas cosas que son esenciales y no entiendo por qué no hay mucha gente buscándolas. No puede ser que seamos tres personas haciendo esta investigación. Todos los poetas jóvenes deberían estar locos por saber quién es el nuevo poeta puto alternativo de Ecuador.

¿A qué llamás una búsqueda particular o de avanzada?
Vos podés estar jugando un género trillado, por ejemplo, un thriller situado en Argentina, podés estar jugando realidad nacional contemporánea, ficción cortazariana… El punto es que si tu personalidad o tu forma de escribir es tan única que es incomparable, no importa la herramienta trillada que estés usando, porque ya te pertenece a vos. Las herramientas son siempre del que mejor las usa.

Volviendo a la creatividad, después de conocer el entorno, ¿qué sigue?
Primero es conocer a los anteriores. Después, conocer a tu entorno y ver qué es lo que vos entendés por nuevo o por joven o por contemporáneo, y después salir y empezar a buscar en otros entornos.
Ya conocés lo que pasa en el under de Capital, ¿qué pasa en el under de Chile? Bueno, te metés en Chile, navegás por la web, encontrás un poeta que te gusta de cien mil que leíste, le decís: che, me gustó tu producción, pasame cuatro escritores que te gusten a vos. De esos cuatro capás empatizás con uno y también le pedís que te pase cuatro, y vas charlando y te van diciendo mirá, ahora el que encabeza la parte literaria joven es este chabón que es Héctor Hernández Montecinos, que uno te va a decir que es genial y otro que es un chanta, un ladrón, como Neruda, y discusión… Y es interesante. No todos los entornos funcionan igual.
En estado liberal, por ejemplo los Norteamericanos, es todo competición. Allá se compite en poesía oral desde primaria, si ganás hacés la intercolegial, después en la universidad podés ir a la interestatal, y después al campeonato nacional de poesía, y ser el campeón. Entonces les tenés que ganar a otros, tenés que leer y estudiar y mejorar, saber qué es lo último de lo último, más todo lo anterior, porque sino el otro lo va a saber y te va a cagar porque tiene mejor olfato que vos… Cualquier sistema de juego que impulsara la investigación vendría bien.

¿No faltaría además un componente mágico o sutil? Suena un poco científico lo que decís.
Hay otra parte que ya no podés explicar: cuando al artista le salta esa cosa o no le salta.

¿Cómo te preparás vos para eso?
En ese punto soy igual de metódico, las musas vienen pero te tienen que encontrar trabajando. Entonces trato todos los días, con sistemas que me armé, de investigación propia del lenguaje. Si ya sé lo que estoy trabajando, me encuentro con eso, me pongo a corregirlo.
Pero supongamos que tengo una hoja y no tengo absolutamente nada armado, y no me viene nada, tengo que vivir, coger, reírme, pasear y todo lo demás para tener cosas nuevas qué decir. Mientras tanto, lo que se puede hacer es jugar formatos. Por ejemplo: escribo todo lo que hice a la mañana, buscando trabajar lenguaje, bien dicho. ¿Al otro día no me sale nada? Bueno en vez de la hoja de word laburo a partir de corel con letra gothic, en tamaño 14, interlineado de dos. ¿Al otro día no me sale nada? Bueno, ¿cuál es toda la literatura que puedo escribir adentro de círculos y qué me producen los círculos a mí? ¿Al otro día no me sale nada? Letra 72, dos palabras solamente en la hoja, que estén interrelacionadas y que una no sea del lenguaje popular. Juegos, dispositivos para que salten ideas, lo que uno hace en un taller literario pero te lo hacés a vos mismo. A mí me hinchan las bolas los talleres literarios. Laburo mucho en mi obra para encima tener que estar haciendo algo especialmente.

¿Te considerás autodidacta?
Sí, no me llevo mucho con las instituciones, todo ese tipo de cosas…

¿Te sentís más un poeta o un actor?
Un escritor. Me gustaría considerarme un escritor antes que un actor.

Igual sos bastante performático en tu literatura…
Cuando la hago frente a público, pero cuando la leés no soy performático porque no estoy. Lo que pasa es que tengo una literatura preparada para público en algún punto, y otra literatura que no es para leer en público.

Se me ocurre que tu obra sin movimiento sería diferente. Más allá de que la lea en mi casa.
Sí. Es que soy la cara visible de lo que hago y además la llevo. Intento esto, subir las escaleras, caminar, grabarme en un baño… Ahora hice unos trailers que se llaman Crono 12. Yo trabajo en una serie que se llama Ciegas Citas, entonces dentro de la tira, grabé con una cámara otra tira más, ilegal, que se llama Crono 12. Y ahora estoy armando los trailers. La idea es estar haciendo algo artístico aún en los medios que parecen más cabeza, y mezclar todo… Georgina Barbarrosa con alguien que tira cables, con alguien del Pachamama … Esas líneas que parecen que están subdivididas, cuando las juntás se vuelven muy divertidas, ¿no?

¿Y la música qué lugar ocupa para vos?
La música, el ritmo, es todo en la poesía.

¿Y en la actuación? Tenés toda esa cosa performática con el sonido y demás…
Porque es eso, la música es el arte por excelencia, no es el que a mí más me conmueve pero no por eso deja de ser el más completo de todos. Todas las artes tienen algo de la música, pero la música no necesariamente necesita algo de las otras. Tenés que empezar a meterte, a entenderla y a escucharla porque ahí están la mitad de las respuestas de las otras artes.
Y otro porcentaje está en cuanto entendiste el hecho artístico, en general. Yo di muchos talleres y cosas para artistas de otros palos. Como a músicos, un grupo que quería hacer música y teatro. Y es mucho más sencillo para alguien que ya comprendió de qué se trata el hecho artístico en su propia arte, que para quien viene de la nada y tiene que entender de qué se trata el hecho artístico. Es maravilloso eso.

¿Por qué pasa?
Porque es como cuando se te prende la lamparita, es el primer gran paso, que es cuando tu propio arte se empieza a crear. Algo se quiebra o algo se compone, o las dos cosas. En ese momento que dijiste: ah, ok, esto es hacer arte. Pero cuando lo ejercés, cuando lo ves, entendés de qué se trata porque te conmueve. El punto es cuando vos creás un hecho artístico y tomás noción de de qué se trata la creación de un hecho artístico. Ya sea que empieza y se termina, y no se repite, como pasa en el teatro, o que empieza y se graba, como es en la música, o que empieza y se publica, como es en los libros. Ahí ya tenés otro gustito, y otra forma de olfatear las cosas… Entonces, yo leo literatura que por ahí no me gusta tanto el escritor, pero sé que me está dando herramientas que después tomo y las uso para mí… Creo que entender el hecho artístico te permite después robar herramientas, entre otras cosas.

Sobre todo de otras artes.
Sí, sí, sí.

¿Tu poema preferido?
Alguno de Humberto Constantini…

¿Alguna frase de un poema?
Juan de Dios Martínez, de Chile: Problema A: imagine que usted no es usted. Consiga un reemplazante. Es el mejor poema que conozco.

¿Te considerás egocéntrico? ¿Creés que hay algo de ego que está bueno en el artista?
Es rarísimo. Viste esa cuestión de que seas paranoico no quiere decir que no te estén persiguiendo. Bueno, que sea egocéntrico no significa que no confíe cien por ciento en mi obra. Igual, sí, supongo que soy egocéntrico. Pero tengo el ego ese del artista actor ahí… Es mi ego ¿no? Digamos si solo dejara hablar a mi ego, diría cagamos la fruta. Eso sin duda. Pero diría cosas como que desde chico tengo la idea de que vine acá a hacer algo, todo el mundo la debe tener, y que tengo algo que decir y creo que hay alguien que quiere escuchar y me gustaría que lo escuchara la mayor cantidad de personas posibles.
Eso tiene que ver mucho con el mírenme a mí, que yo soy el que lo tiene, pero es absurdo, capaz que no lo tengo… Crespo decía: Sí, yo soy la poesía, ¿como te va? Y por qué no decir: Sí, yo soy el…

¿Qué es lo que buscás con tu proyecto de viajar e ir viviendo por temporadas con diferentes escritores?
Para escribir narrativa necesito estar fuera de la pecera. Acá se crea una necesidad de poesía, no sé por qué me pasa. Lo que más rápido te toca el alma o mueve al otro es la poesía, sigo creyendo en eso. Quiero irme para escribir narrativa, volver a meterme adentro mío, y hacia fuera tranquilo, para poder repensar eso, para escribir el segundo libro. No sé si el viaje va a terminar cuando termine el segundo libro, pero es la idea.

¿Uno para conocerse tiene que exiliarse de uno mismo?
Tuve un plan que era a los 28, 29, estar viviendo de mi obra, y poder tener una casa en la playa y escribir ahí, todo gordo y sentado. Y después dije: pará, ¿por qué tengo que estar cómodo a los 28 años? ¡Es insoportable! Mi literatura se iría a la mierda.
Prefiero estar incómodo, de lugar en lugar, viajando, haciendo nada, golpeándome, aprendiendo, amando, perdiendo, peleándome con gente, bardeándome, leyendo, sin morada fija, sin demasiada plata… Dedicarme por ahí a la literatura desde otro lado. Ya por ahí me encontraré a una mina, podré formar una casa, tener un hijo, plantar un árbol. Por lo pronto no. Lo mejor que tengo que hacer es viajar en este momento. Además porque estoy muy introspectivo en la ciudad, estoy empezando a culparla de problemas míos. Antes que la culpe del todo, me voy.

¿Vos creés que la vida de los artistas es más mental, o poética, que vida real?
No, muchísima vida real y muchísima vida mental. En mi caso, no el de todos los poetas porque funcionan de forma individual, cuando me refugio en lo mental, y lo hago bastante seguido, el cuerpo se me muere. Lo sigo usando, pero lo empiezo a destruir zarpadamente, no tengo control, libero esa parte. Digo: me voy a ocupar de la mente entonces libero el cuerpo. Soy muy malo con los equilibrios.

Por eso digo, uno entrega tanto a su obra, que es como si te devorara. Y te olvidás que hay una vida, que podés salir, que hay gente…
¿Pero eso qué es? digo. ¿Y qué si tu obra es tu vida? Si es eso, ¿disfrutás más salir, la gente o trabajando en tu obra?
El punto es así: nos tiran a todos acá al mismo tiempo, no nos explican nada, nadie volvió hasta ahora que yo sepa para decir qué pasa después, ni siquiera tus parientes, ni tu madre ni tu padre tienen más experiencia de qué hay que hacer acá que vos… No por estar más tiempo entendés más, de hecho pasás toda la vida y no sabés que venías a hacer acá.
Entonces las reglas en algún punto las ponés vos, excepto las reglas naturales y las sociales. No podés flotar, y si violás una mina vas preso. Pero por fuera de eso… ¿Te querés morir a los 30? Genial. ¿Querés vivir hasta los 100? Perfecto. ¿Querés pasar toda tu vida viajando como un vagabundo? Buenísimo. ¿Tocás hace 30 años canciones con 2 notas? Maravilloso. ¿Leíste todo Stendhal y estás falsificando uno? Me parece genial.


Clara Wall, artista visual agosto 10




DESPIERTA, ATENTA, ALERTA SOY EL INSTANTE. ESTOY ACA. ESTOY DONDE SOY. SOY UN VACÍO POR LLENAR.

Soy en movimiento, en curiosidad. Soy cuando no estoy. Soy en el color, en la diversidad, en la diferencia. Soy fuera del esquema, de la regla y la rutina. Soy en el asombro y la sorpresa. Soy entre todos y entre nadie. Soy buscando quien soy.
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Entrevista a Poggi, músico

“El amor tiene que durar tres minutos”
Poggi, músico (23 años)

Por: Adrián Bechelli

Fotos: Gaby Areal Velez

Ama el punk. Habla de sus canciones como si hablara de una novia. En ellas aconseja: soñemos más, dormamos juntos. Mientras canta en La Pata de Giuseppe, le quita distorsión a un nuevo proyecto de canciones, casi intimista: Rockeros, Suicidas y Enamorados. Con ustedes, Le Poggi.




Para mí el arte no son todas las canciones, sino un par de canciones y mucho la actitud. Es algo que te saca de paseo. Eso es lo más fuerte que tiene el arte.

¿Qué es una canción?
Es el conjunto entre la letra y la música. Y para que sea canción te tenés que romper la cabeza de ambas partes. Una canción no está terminada hasta que no laburás toda una parte y después la otra le cae de una manera justa. Se tienen que complementar de una manera linda, con armonía.

¿Cómo te das cuenta si está buena o no?
En el momento en que ya no se le puede agregar más nada, que no te queda ningún tornillo medio flojo. Está ajustada por todos lados, es imbatible. En el momento en que ya está armada y no se la puede tirar abajo, me parece que se planta como canción.

¿Cómo sería eso de la trascendencia…?
Es una sensación que a uno le da. Por más que para todos no sea lo mismo, hay un punto en que una canción es una canción y ya es así. No se le puede cambiar nada. Conserva algo que es indiscutible. Es una sensación muy rara. Te llega a dar un punto de realización, pero también te da un punto de que lo tenés que superar, constantemente. Es como terminar algo y encontrar otra cosa. Te deja en ese paso entre dos cosas, te pone entre contento e incómodo.

¿Qué sería una buena música?
Es algo que por ahí te lleva meses. Te da la seguridad de que está buena y es linda cuando ya la tocaste más de veinte veces, cuando perdura. Hasta que no es sólida no se canta.
Y no es primordial que termine solida en un disco. Para mi ya en la cabeza la podés tener sólida sólida, la idea. Después que termine como sonido es otra cosa.

¿Una buena canción?
Un corazón, de Albert Pla, me parece increíble.

¿Dónde estaría la creatividad ahí?
Pla siempre te deja pensando. Nunca le terminás de sacar la ficha, pero te das cuenta que no le podés discutir nada, y a la vez nunca lo podés terminar de comprender del todo.
Lo lindo de una cancion es que nunca sabés en qué ambiente se construyó. La voz te transmite algo, pero nunca nunca vas a sacarle la ficha al chabón, bajo qué circunstancia estaba. Si el tipo estaba tranquilo en la casa o la escribió volviendo una noche vomitando en un taxi. Nunca vas a sacar la ficha del porqué de la canción, de dónde sale. Pero de cierta manera es innegable.

Ese es un flash tuyo, ¿siempre pensás eso?
Me pasa, me pasa seguido. Decir de dónde mierda está saliendo eso. De dónde sale. Para hacer una cosa tan linda, hay algo que al tipo se le está moviendo por algún lado, hay fichitas sueltas. Hay algo que el tipo está tratando de acomodar, de pensar. Y no sabés en qué circunstancia le bajó. Es muy místico ese tema.

¿Para qué componés?
Muchas veces compongo como desahogo. La canción tiene la facilidad de cambiarte el estado de ánimo en cualquier momento. Todo era tal como era hasta que por ahí escuchás una canción, y pasa. Tenés la canción de ejemplo para el resto del día. Y por ahí te vas cagando de risa de ciertas cosas, es una actitud.

Cuando no tenés una canción, y más tarde tenés una canción, ¿qué sucede en el medio?
Acá viene el tema entre una canción y una canción a medias. Para mí hacer una canción es una cosa que lleva tiempo. Yo la considero canción cuando tiene un tiempo. Por el tiempo es un proyecto y es un pensamiento y es un mambo que te va dando vueltas. Hasta el día que la hacés canción. Y yo creo que la hacés canción cuando por ahí terminate el día, estás tranquilo, solo, y decís: mierda, tengo esto en la cabeza hace horas y horas, días, me voy a dar un poco de bola. Y ahí empieza a salir, a tomar forma. Pero para mí es un caminito largo, como que se va engendrando la canción.

¿Nunca te pasa que te sale una canción al toque?
Me ha pasado, pero nunca la considero canción hasta que no le doy semanas. Hasta que no me parece que está constituida. La empiezo a escribir y la dejo en borrador. Está esa cosa que sentís que se puede derrumbar por cualquier lado, hasta que no lo sentís firme para mí no es canción. Me pasa hasta con canciones que escucho de gente que ha grabado un disco y siento que están sin terminar, o están hechas por compromiso. Para mí escribir una canción es un suceso.

Cuando la terminás ¿qué te pasa?
La quiero salir a tocar por todos lados. Se la quiero mostrar a todo el mundo. Y la regalaría como poética, la regalaría como música. Una canción así, se puede dividir en partes, se puede desarmar. No hay partes descartables en una buena canción. Vos agarrás una frase y la podés regalar por ahí, un arreglo puede estar bueno y hacerte reír un ratito.
Y a veces hay algunas canciones me salen de un tirón en un viaje de bondi. Siento que hay una historia, una idea.

¿A qué le llamás idea?
Te estoy llevando por un camino en el cual te estoy contando lo que me estuvo pasando, hasta que caigo a la idea, a ese renglón que era lo único que yo te quería decir. Pero te hice una historia para que me escuches, para llevarte a lo que para mí era realmente importante.
Yo soy muy exigente con las canciones. Puedo escribir millones y millones de canciones y me queda una. Tengo blocks y cuadernos llenos. Soy de sentarme a escribir por el hecho de sentarme a escribir, me gusta.

¿Qué debería tener un buen cantautor?
Los objetivos claros. Vivencias. El hecho de que te haya pasado algo y saber como lo querés contar. Poder sacar algo bueno de eso. Para un cantautor que por ahí no tiene más que su voz y su guitarra, creo que prevalece muchísimo más una idea a nivel musical, lo que está tratando de comunicar. El hecho de poder comunicar algo que llega.
El mundo de fantasía es un mundo muy lindo para poder decir las cosas que uno quiere. Porque no solamente está contando lo que uno quiere, sino lo que podría pasar. El hecho de poder llegar a un final sin pagar una consecuencia. Correrte de la objetividad del mundo.

Y entrar a desarrollar la fantasía propia…
Totalmente. Cómo llegaría a esto saliendo de donde estoy sentado todo el día. Si yo me paro en otro lugar, ¿cómo saldría esto? En el lugar en que realmente yo quisiera que estén las cosas. Entonces por ahí estás haciendo algo en un mundo que para vos capaz es ideal. No te estás bancando consecuencias, no te estás bancando cosas. Y es una linda manera de abstraerse.
Si uno se quiere sentar en su escritorio y escribir una canción y salir de la realidad, no te lo impide nadie. Creo que es el único lugar en donde uno puede ser libre, realmente. Cuando uno escribe llega al punto donde quiere llegar, por más que sea mental. En cierto punto lo estás viviendo.
Me parece que hay un mundo interno en la cabeza de cada uno que es impresionante. Y no es difícil pelarlo, es jodido encontrarlo. Pero creo que las partes más lindas de la vida están en la cabeza de uno y en como uno las siente. Ahí está realmente lo lindo.

¿En que momento dijiste: quiero hacer canciones?
Yo en realidad agarré la guitarra por una necesidad de escribir. Y agarré las bandas por una necesidad de encontrar las canciones. Era un desastre, era punki, cuadrado, cantando temas trillados de amor y todas esas cosas.
Siempre disfrute escribir, y hacer un hit por ahí…. Nunca salió (Risas).
La primera vez que me pareció que tenía una canción, que me podía largar solo, fue con Otoño.

¿Qué cuenta Otoño?
La parte que más me gusta es la que dice: Me deshojé como otoño que soy. No veo nada más lindo que describirme a mí como un ciclo que empieza verde y se termina cayendo abajo. Dije: esto no lo puede cantar nadie más que yo. Y esto para mí no se banca la crítica de nadie. Acá puedo salir solo a decir esto.

¿Para hacer canciones hay que haber pasado procesos de transformación profunda?
Para mí el cantautor, el escritor, el artista en sí tiene que poder ver el mundo desde un trono. Para mí es importantísimo eso, el hecho de haberlas pasado todas y decir pasé tal tal tal tal. Es como un criterio, amplio, para la vida. Un pibito que estudia guitarra desde los 10 años y vive en una cuna de oro toda la vida por ahí no ve el mundo desde una vista muy amplia.

¿Por qué punk? ¿Qué es el punk para vos?
Para mí el punk es todo. El punk me cambió la vida. Fue la forma de sacarme a mis viejos de encima, de sacarme a mis amigos de colegio privado de encima, de salir un fin de semana y no ser el pendejo que era toda la semana. Porque hasta que no empecé a escuchar punk no me di cuenta que estaba metido en una rutina. Me persigue hasta hoy, pero yo ya de chico tenía una rutina. El punk me abrió la cabeza un montón. El punk es liberarse.

¿Las canciones son imágenes también?
¿Vos decís si un disco mío podría ser una galería, una exposición? Yo cuelgo doce cuadros en una pared, vas pasando de uno en otro… Como la galería es de color, la canción tiene color. Después de escuchar la canción, después de todo ese trance, llegás a una imagen del tema, se te forma algo. Cuando la escuchás por segunda vez ya tenés un resumen. Para mí eso es una pintura que uno tiene. Como que el arte todo, en cierto punto, se puede enchufar con otras ramas del arte por un mínimo cablecito. Un cuadro también lo podés hacer canción, o te pude dar música mientras lo mirás.

Un consejo para hacer buenas canciones
Creo que lo importante es ser auténtico.

¿Un artista es como un extraterrestre?
Y sí… es como si fuesen todos puntos hechos a punzón y de repente te cae un punto hecho con un pincel. Nunca te va a ser igual a otro. No va a tener la misma medida. Como que ahí se ve lo groso.
Para mí fue re jodido mostrarme como músico, en mi casa, en mi familia. Contando que yo nunca estudié una mierda de música. Me senté a escribir, casi sin leer libros, por puro amor a escribir. Hasta que un día fui encontrando mi estilo.

¿Cuál es la canción esa que querés hacer que siempre te te escapa? ¿De qué habla?
No sé… pero te podría tirar cosas. La luna me parece una cosa hermosa para meterla en un hit. El amor… Pasa que el amor es raro. Una cosa es el deseo y otra cosa es el amor. Escribir el amor en situación tiene más fuerza que pasarlo a palabras. Una situación romántica, según como la digas, tiene diez mil veces mas fuerza que escribir el amor en palabras. Pero demostrar el deseo no es tan difícil.
Para mí el hit tiene que hablar de amor. El amor es una lucesita. Y puede durar más que una canción. No te puedo plantar el amor eterno en una canción. Una canción dura cuánto, ¿tres minutos?... El amor tiene que durar tres minutos. Y terminar.


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Vero Gatti, artista visual julio 010





Es como una suma de pequeños cuentos. Cada obra tiene SIEMPRE algo para contar y un universo creado alrededor.
Intento hablar de lo más genuino y lo más oscuro del mundo (y de mí), disfrazado por una inocencia que lo hace tolerable.
Se arma un juego a partir de la obsesión con el detalle y con el otro, que debe descubrir, si es curioso, que siempre hay algo más.
Me gusta jugar. Es eso. Un juego.

Hablar. Desde un lugar que me hace felíz. Como cuando bailo ridículamente y estoy completamente conectada con la música. Es esa sensación de estar moviéndose desde los sentidos. Eso sucede con mi arte. Es mi forma de DECIR más potente, y la que más disfruto. Lo que más me conecta con mi YO real.
Si todo esto genera además algo en el otro y despierta sensaciones, eso verdaderamente me hace feliz
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Entrevista a Juan Xiet, escritor (Parte 1)

“La poesía tiene eso de que vos estás esperando una frase que te mueva algo en la cabeza. Dentro de los textos hay tentáculos poéticos.”


Juan Xiet, escritor (28 años)

Por: Adrián Bechelli y Gaby Areal Velez

Co-fundador del colectivo Poesía Urbana, soñaba con ser forense. Su mezcla de carisma, elegancia (ya es famoso su traje de Giacomo Capelettini) y excelentes textos, llena de brillo sus lecturas. Su máxima obra es la trilogía: Metástasis, Ataque de Pánico y Crematorio. Charlamos en un bar cercano al abasto, a las cinco de la madrugada.



¿Cuál es la mejor edad para un poeta?

Según la óptica. Yo cuando empecé a escribir, lo disfruté mucho. Tenía 12 años, me parece una muy buena edad porque no tenés filtro de nada. Y por ahí era surrealista sin saber que era surrealista. Escribía historias de manos, y de camiones, todo eso metido adentro de una pieza… y era muy raro, pero a mí me ayudaba. Me parecía una muy buena edad.

La edad de ahora es muy buena también, porque siento que empezás a escribir desde otro lugar, ya con una estructura, que es todo lo contrario a cuando sos chico. Ahora en base a esa estructura, voy jugando, si no voy por acá, voy por allá, voy por arriba, por abajo…


¿Cuáles son esas trabas que van apareciendo de grande?

Y… filtros creo que tengo muy pocos o nulos. No tengo ningún tipo de piedad para narrar algo que sale del morbo, o de la soledad, o de la carencia. No metaforizo eso. Por ahí hago otras metáforas para ejemplificar, pero eso puntualmente trato de sacarlo de raíz, como viene. Sin corrección. Me cuesta mucho, mucho corregir. No es que me cueste, no lo hago. Siento que no necesito corregirlo.


¿Cuando construís un texto pensás más en la forma o en el contenido?

Es raro. Lo que conceptualizo es la obra, el final. Pero la unión de la primera letra con el punto final, es improvisación pura. Y durante el transcurso de eso, voy elaborándolo, no lo premedito.


¿Tenés una idea previa de lo que vas a hacer?

No. La primera palabra va a ser la línea. En general empiezo a escribir después de una masturbación. Creo que la escritura es netamente sexual, la que hago yo. No por el contenido sino por la necesidad de hacerla. Eso de que, estás en el momento, te vaciás… Es como una ambivalencia: te querés vaciar, entonces después tenés que escribir para dejar de pensar que te vaciaste. Todos los textos de ese libro (Crematorio) fueron motivados por ese sentimiento. Y en ese caos, en esa desesperación por ordenar el caos, es como una explosión la primera palabra. Después sí, voy uniendo adentro el concepto. Pero me siento en blanco, desde el vacío que te deja esa práctica tan bonita… (Risas)


¿Cuál es tu tema preferido?

Reírme de mí. Siempre. Después hay temas satélites, como la muerte. La muerte es algo muy inspirador para mí.


¿Qué es la muerte para vos?

Todavía lo estoy descubriendo. Creo que nada, un punto final, un traspaso de un lado al otro. No sé qué es.


¿De qué lado a qué lado?

Del lado de la creación al lado de la vuelta al origen. Creo que después que uno se muere, no hay nada. Nada, ni siquiera me imagino desnudo en una nube.


Cero reencarnación tu teoría…

Sí, yo creo que es ahora, acá. Te morís y listo. También puede ser porque vengo de una semana en que estoy mirando muchos videos de suicidios, autopsias… Cuando empecé a ver autopsias, o sea cómo abren a un chabón y en quince minutos lo vacían, la imagen del que hace la autopsia con un cucharón de cocina sacando la sangre que está suelta… En ese momento digo: guau, no hay nada, no puede haber nada.

Creo en la energía, y en lo sublime pero acá, cuando uno está vivo. No sé, ojalá pueda cambiar de parecer, reencarnar, una hoja de parra saltando en el Edén, pero no creo.


Me pasa algo muy raro con vos. Cuando pienso en un poeta, el que más me gusta sos vos, pero todos los textos tuyos que me gustan no son poesías. ¿Por qué me pasa eso?

Yo creo que las prosas son poéticas. La poesía tiene eso de que vos estás esperando una frase que te mueva algo en la cabeza. Dentro de los textos hay tentáculos poéticos. No es un texto periodístico, tiene todo un mejunje y una atmósfera poética, supongo. Te puede pasar por eso. O también por el mito del tipo que escribe y está medio loco… pero no creo. Yo creo que es porque es prosa poética.


Quizás sea que pienso a un poeta como un ser que tiene una mirada propia. Y lo que siempre tienen tus textos son miradas originales de la realidad. Por eso no me importa el formato, da igual. ¿Vos te sentís un poeta?

No, no. Jamás.


¿Qué te sentís? ¿Un qué?

Un chabón que necesita escribir. No, poeta nunca. Nunca me sentí y no creo que me sienta. Me parece muy solemne, no sé. Yo me imagino a Li Po, que es un poeta chino o japonés, que le escribía a la luna en el año quinientos, y muere tirándose al lago sobre reflejo de la luna para abrazarla. O a Rimbaud subido en una mesa meando a los que se creían poetas. Esas me parecen actitudes de poetas. Yo no.

Y también desconfío de los que se dicen poetas. Cuando veo poetas que se autodenominan poetas, veo ego nada más, no veo necesidad. Veo chabones que están actuando y no les creo.

Por eso digo: soy escritor, necesito escribir. No puedo no escribir. Tengo que escribir para estar vivo. Si hubiera una ley interna, dirigida por una cúpula de señores poderosos, que prohibieran escribir, yo me volvería loco.

Por eso digo que lo solemne de la poesía se lo auto rotulan las mismas personas, y no me interesa eso. Yo estoy bastante en contra de ser egocéntrico y no decir nada, que es lo que veo en todas las lecturas de poesía que voy. Veo eso: personas que se creen poetas que hablan de cosas que no tienen magia, me aburren y me hacen muy desgraciado. Es muy poca la gente que veo y digo: no, este chabón está diciendo algo, y son los que no se autodenominan poetas.


¿Qué tiene que tener un texto interesante?

Yo creo que el lector se tiene que identificar.

A mí me pasó que el primer libro que saqué son poesías, muy abstractas. Y llegó un momento que no me identificaba con el texto.

Entonces, empecé a verme a mí y me di cuenta que tenía un montón de cosas para sacar afuera y para foguear. Creo que si el lector llega y se identifica, le va a quedar.

Hay un texto en el libro que habla de cómo acepté mi nariz. Me pasó de una chabona que lee el libro cinco días antes de una operación de nariz, y no se operó, por leer el libro. Entonces, si yo hubiera escrito una poesía abstracta de mi nariz, no hubiera surgido el mismo efecto. Ella se vio en el texto. Como que, puso play y simplemente el texto aconteció, no tuvo que filtrarlo, era eso.

Pero si yo hablo de: porque el duende metido adentro del dado, del cubilete que tiraba el mago pero que en realidad no era el mago sino que era mi mamá, la gente dice: ah, bueno, como unís las palabras. Pero no, no entra la gente, queda afuera, queda en la frontera.

Y a mí me interesa que se rompa la barrera del papel, de la letra, de todo, y que le entre. Me interesa mucho eso, que el tipo se identifique, que la persona se identifique, diga: loco, a mí me pasa lo mismo, que es lo que me pasó con las personas que me influenciaron.

Artaud, por ejemplo, a mí me rompió todos los esquemas pero no, nunca pude entrar adentro, me pegaba en otros lados, me apretaba otros botones. Pero cuando leí a Fante, ponele, sí. Es eso, me pasó lo mismo que al chabón. Yo te lo escribo desde mi mirada, desde mi experiencia, pero es lo mismo.


¿Cómo se lee bien un texto en vivo?

Dándole a cada palabra el tono necesario. Cada palabra que está ahí es por algo, y viene a raíz de algo y deviene en otra cosa, entonces cada palabra tiene su carga energética y su carga tonal. Creo que ahí está la clave.

Es como interpretar una canción, como cuando ves a Louis Armstrong tocando la trompeta, es eso: la interpretación en carne viva de lo que es la obra.

Yo le doy mucha importancia a la palabra, y en vivo, a jugar mucho con la gente.

Vos por ahí lo leés internamente y en determinados momentos no te callás, pero cuando estás en vivo sí, hacés una pausa. Y en esa pausa, la gente entra.


Mientras leés en vivo, ¿en qué pensás?

Pienso en el texto. En la época de Ataque de Pánico pensaba que me moría, que me iba a morir, ahí, leyendo. Pero también pensaba que me iba a morir en todos lados.


¿Sentís a la gente? ¿Sos consciente de la gente que mira o que aplaude?

No, no me lo creo. Hay diferentes aplausos, pero la gente aplaude cualquier cosa, entonces prefiero abstraerme de eso.

Me quedo más con el que viene después y te habla, que con el aplauso. No, pienso en el texto, y en mí, en que me hace bien leerlo.

Hoy por ejemplo leí para mí. Fui a leer y no me cerraba el lugar, estaba incómodo, no me gustaba la onda, y leí para mí. Hay lugares en que sí, que te sentís bien e interactuás con la gente. Pero en lugares así pienso en el texto, lo revivo.


Dijiste algo hoy, antes de leer: que estaba bueno que estén todos ahí escuchando poesía, ¿qué quisiste decir?

Al margen de que esté cómodo o no, me parece muy mágico el hecho de gente que va a escuchar poesía. Y por eso dije lo del estadio. No estábamos en la cancha de River con ochenta mil personas y un escenario, y gente leyendo. Estábamos ahí, éramos diez y tiene su mística también. Yo creo que cuando sea viejo me voy a acordar de eso. Para mí es maravilloso.

Porque es muy probable que la mayoría de las personas que estaban ahí tengan una relación con las palabras parecida que la que tengo yo, y es muy probable que la mayoría de la gente que estaba ahí se quede escribiendo hasta muchas… Mucha gente también necesita escribir. Entonces esa unión me parece de tribu, que viene en los genes, de la época de los indios que se juntaban, se pintaban y bailaban. Me retrotrae a eso. Después está el caretaje y el no caretaje y las cosas superfluas. Pero a nivel genético siento eso. Siento esa necesidad de juntarme con el que hace lo mismo que yo.

Después está el que habla mientras el otro lee, que me parece una cagada. Yo siempre me fumo a todos. Trato de, aunque no me guste, callarme. El tipo está ahí leyendo, está ahí desnudándose y lo tengo que respetar, sino voy a otro lado. Voy al cine a ver Alicia en el País de las Maravillas y está todo bien.


Continuará…


Leelo a Xiet en: www.juanxiet.blogspot.com

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Entrevista a Tomi Lebrero, cantautor (Parte 1)


“El mundo melódico va muy rápido”

Tomi Lebrero, cantautor (31 años)

Por: Adrián Bechelli
Foto: Lula Bauer

Su canción mixtura de manera admirable lo urbano y lo rural. En el cuarto donde ensaya, un afiche grande con su cara dice: fui groso. Además de sus dos discos solitas (Tomi Lebrero y su puchero misterioso, Cosas de Tomi), trabajó de cancionista en varias películas. Aunque pocos lo saben: es un gran cocinero. Esta charla se dio en su casa, entre trigo burgol e higos en almíbar.


(Parte 1)

Esto lo dice Cohen (Leonard), creo que también te vas a identificar, yo cuando lo leí me sentí plenamente identificado: a la hora de hacer una canción, uno llama a todos los guerreros del ejército. Cuando estás ahí componiendo te entra desde Sandro hasta Deleuze, todo, y ya te chupa un huevo si uy esto funciona. Estás ahí probando todo, y todo va muy rápido. Por eso es tan misterioso también, porque no hay leyes. En ese momento te copás con todo. Es la libertad.

¿Qué es una canción?
Es un formato para expresar algo. Que tiene sus leyes, pequeño, simple en general, directo. Y justamente es muy difícil por eso. Como todo formato tiene sus reglas y tiene su impacto.

Hablemos del impacto...
Bueno, es algo muy emocional, de alguna manera. Admiro a esa gente que puede llorar, yo soy medio duro (Risas). Pero creo que si uno se pusiese más sutil seguramente sí, es como que sentís algo. Hay canciones que te producen ese algo emocional. Y a veces me copa también si hay algo intelectual. Como que va por varios lados. Hay algo que te saca, que te lleva a otra cosa que de alguna manera te saca de lo ordinario y te ayuda. Te eleva, si se quiere.

Te pasa mucho en algunas canciones, en vivo y a veces en los discos, que van tomando intensidad y de pronto te desbordás, y se produce una especie de caos.
Bueno, cada uno viene con sus características. Yo a veces siento que la locura, ese desborde, ese caos es un poco característico en mí. Siempre uno tiene que estar atento con sus lados que le fluyen más e ir trabajándolos. Mi búsqueda es como de ponerme más careta, como de emprolijar y esa mano, porque yo voy al mamarracho muy fácilmente. No lo quiero perder, no lo pierdo de vista, pero también a veces está bueno un poco equilibrar. Y por otro lado la locura, especialmente en vivo, cuando aparece, me encanta.

Justo el lunes fui a ver Alicia en el país de las maravillas, de Burton, y está el personaje ese de Jhony Deep del sombrerero, el loco, que lo hace genial, y es así: también la sociedad necesita locos. Te los están pidiendo de alguna manera. Hay veces que te toca cumplir ese rol, por más que seas cero loco. Yo soy un careta acá en mi casa, con todo ordenadito (Risas).

¿Cuál es tu miedo al mamarracho, cuál es la barrera que no se debe pasar?
El mamarracho tiene las leyes estéticas más distorsionadas, y está bueno, pero también te va a alejar de mucha gente.
Volviendo un poco a lo del principio, lo de la canción y esa mano, a mí me parece que es un formato que tiene mucho que ver con la canción y con lo popular también, y con la llegada, hacer vibrar al otro, como una cosa de resonancia, de ascendente en Leo. Por eso siempre me alucinaron mucho los Stones, y Jagger también me copa mucho.
Es muy raro porque también el mamarracho tiene algo muy rico.

Sandro era de Leo también.
Bueno, yo soy ascendente Leo, que es peor. Es como ser la caricatura.

No sé si lo viste a Sandro en escena…
Sí, sí, especialmente cuando se murió, que hubo mucha data en la tele. Y la re flasheaba. De hecho, este verano que estaba muy receptivo, me re influenció. Hice como cuatro temas sandrescos. Me parece un tipo que tenía una presencia escénica increíble.

Yo siento en tu textura expresiva, en lo escénico, con todo respeto y salvando las distancias, algo muy parecido a lo que hacía él.
Uy, gracias. Para mí Sandro es re de verdad. Un amigo mío de Bélgica lo escuchaba a Sandro y decía: loco, me encaaanta.

Tenés una forma de cantar que parece la de un cantor de radio vieja, una síntesis como de cantante urbano marginal, y rural, y a la vez de rocker.
Yo creo que uno se inventa un poco un personaje, de alguna manera. Vos lo escuchás a Aristimuño, se inventó esa voz y está buenísima. Lo que pasa es que la de él es más linda (Risas).
Las primeras cosas que yo tocaba en la guitarra, en la adolescencia, eran canciones camperas y copiaba a mi profesor de guitarra. Entonces un poco de eso se te va filtrando. Y por otro lado nuestra esencia es el rock. En esos bordes, en esas mixturas van apareciendo las nuevas voces.

¿Como pensás la construcción de personajes en tus temas?
Por un lado me re interesa esa cosa como más flaubertiana de entrar en personajes y vidas. Y por otro lado todos esos personajes tienen mucho de mí, de mi vivencia también. No sé cómo aparecen. Pero me parece que está bueno salirse de ser siempre uno. Y a veces me encanta ser hiper autoreferencial. La canción como género en sí, una de las características que tiene, es que es muy autoreferencial, y me gusta también.
Una canción que quiero tocar hoy que tiene música de Lucio (Mantel), es el personaje de una mujer que está muy conflictuada con su historia, con su madre… y está buenísimo estar en ese viaje, escribir desde un lugar femenino, y siempre encontrás puntos de contacto con tu propia vida. Pero a veces cuando se arma muy de laboratorio, como lo falubertiano extremo… Bueno, hasta ahí.

Hay algo del teatro, del actor, en eso.
Sí. Hice teatro, me encanta el teatro. Es una posibilidad más dentro de la canción. Justamente este género también tiene eso. Con Alvy (Singer) siempre hablamos de las tres patas de la canción: la parte musical, la letrística, y la interpretativa. En sí, como soporte artístico, esa era la palabra: soporte, me parece que es tremenda la canción. Si bien es chiquitita, permite muchas cosas. Mederos siempre decía: yo prefiero tres minutos en un tango que una ópera.

Estás dando con Alvy un taller de composición, La OrejaAtenta. ¿Cómo es esa experiencia?
Con Alvy nos copamos con la canción más a lo Beatles si se quiere o brassensesca. Está buenísima la experiencia. Se termina dando una efervescencia en la gente y en nosotros mismos, que te da ganas de ir a la guitarra, al papel.

Si tuvieras que dar cinco tips para hacer una canción...
Es tan misterioso… Si estás indagando un poco sobre eso, todo el mundo te va a decir un poco lo mismo. Hay una clase que hablamos bastante de eso, de tratar de concientizar un poco que cosa le sirve a cada uno. Y es muy interesante. De repente uno dice: yo necesito estar re tranca. Y otro te dice yo necesito que esté mi familia ahí al lado, los pendejos haciendo bardo, porque sino me siento solo y me angustio. No sé, cinco tips…

Desde tu punto de vista.
No tengo ninguna fórmula. A veces me gusta generar un poco el espacio, el tiempo. A veces la musa te asalta y eso esta genial. Pero en general son más ideas aisladas, uno está caminando en una calle, en una cola en un banco… Lo ideal para mí es cuando tenés una o dos horas, y decís: bueno, hoy me quedé tranqui. Eso es genial. Y después también tenés momentos que los vas necesitando.
Yo ahora hace un par de semanas que no compongo un tema y… (Hace gestos de desesperarse). Me lo estoy autoimponiendo también, no componer, porque también hay algo de que tengo mucha producción… me parece que tengo que empezar a afinar un poco más. En este momento quiero llevar esa libido creativa a un disco. Por más que para mí… Soy muy del primer momento, lo más excitante es hacer la canción, ese momento de soledad, de estar ahí con la masa, cuando está saliendo, es muy vertiginoso. No sé, es frustrante, pero no te puedo decir tips. En general necesito silencio.

Continuará...


Escuchá a Tomi Lebrero en:
http://www.myspace.com/tomilebrero

Información sobre el Taller de Canciones La OrejaAtenta:
tomylebrero@hotmail.com
janoseitun@gmail.com

Entrevista a Alex Perret, fotógrafo.

"Viajar es la mejor escuela"

Alex Perret, fotógrafo (30 años)


Por: Adrián Bechelli


Nacido en Francia, salió a recorrer el mundo sin saber nada de fotografía. Hoy su obra abre maravillosas ventanas para mirar el norte argentino y la cultura andina. En su estudio, muy cerquita del cerro de siete colores, compartimos esta charla sobre viajes, búsquedas y fotos imposibles.




¿Que buscás cuando sacás una foto?

Mostrar lo que veo. Si me emociona, ahí saqué una buena foto.


¿Te acordás la primera vez que viste una foto que te gustó mucho?

Sí, de mi padrastro. El loco fue a Africa con su mejor amigo, que era cura. Y sacó fotos de niños africanos. Y cuando lo conocí, cuando mi vieja se juntó con él, a los 8 años, en el living de la casa había fotos de esas. Y cada día de mi vida cuando volvía a casa las veía, la veía, las veía. Esas fotos me dieron a mí ganas de viajar, no de sacar fotos. Y en el viaje me dieron ganas de sacar fotos. Soy muy observador, me gusta mirar todo.


¿Qué es viajar para vos?

Y… de todo. La mejor escuela que hay. Es aprender del otro, de la gente. Aprendés todo el tiempo.


¿Qué te gustaría que le pase a alguien que ve tus fotos?

Que vea o se imagine lo que yo ví u otra cosa. Que le provoque emoción. Si te emociona una de mis fotos, a mí me hace feliz. Ahí hice arte, ahí creé algo. Una reacción del otro: ahí ya creaste algo.


¿Dónde está la creatividad del fotógrafó?

Para mí en la parte social. En la temática, lo que vas a mostrar.


¿Cuál es la mejor foto que no pudiste sacar?

Hay varias. Hace 10 días, había en una esquina un perro durmiendo en una cuna, y la dueña, una señora de 70 años, una cholita hermosa. Era un fotón. Lo vi y dije: ¡wuau, qué foto! Sabía que me iba a decir que no. Fui a averiguar, me dijo no y bueno… Hay fotos que no podés sacar, que son increíbles pero no las podés sacar.


¿Si no te autorizan no las sacás?

No... Pero si me gusta mucho, hablo. Si es un retrato fuerte, ahí sí pregunto. O muestro la cámara. Voy charlando. Tengo un par de chamuyos.


Contame algún chamuyo lindo...

Uno fue en el malón de La Paz, había un montón de pibes, de veinte, veinticinco años, indígenas de acá pero bien anarquistas, y cuando me vieron llegar con el trípode y la cámara, y dije: soy francés… no había forma. Pero me pidieron de cantar, fui con ellos, nos cagamos de la risa. Y en un rato, cuando ya me había olvidado, me dijeron: dale, sacá.


¿Tuviste algún maestro que admires?

No tengo cultura fotográfica. No estudié, así que no.


¿Y algún fotógrafó?

Sí, Gregory Colbert. El chabón desapareció hace veinte años y apareció con una muestra que relaciona lo humano con el animal. Unas fotos que las mirás y decís no, no puede ser, está trucada. Y ahí sí me quedé careta. Después un francés que hizo una muestra de la tierra desde el cielo: Yann Arthus Bertrand.... Es la mejor muestra hoy por hoy. Igual cagó el chango, no va a ser fácil para él superarse.


¿Cómo arrancaste como fotógrafo?

En Argentina. Llegué en 2004, me compreé un reflex, me fui a ver un fotógrafo y le pedí que me enseñe diafragma, velocidad, todas esas cosas. Y ahí me tomé veinte horas de curso y después me vine para acá (Purmamarca) y empecé a sacar fotos. En Jujuy y en Bolivia. Quería mostrar a otros lo que veía, para que viajen un poquito. Para que vean otras cosas. Y así fui mostrando mi trabajo, lo que hacía. Mostrando mucho, que para mí es el secreto. Mostrás y así le gente te dice, ves reacciones sobre unas fotos y sobre otras no, y así. Te das cuenta de cómo va la cosa.


¿Por qué viniste a Argentina? ¿Qué te interesó?

Una argentina (Risas). No, vivía en España y trabajé mucho con gente de Sudamérica, y con todos los argentinos que encontré allá había mucha onda. Y me vine de vacaciones por seis meses, y me quedé un año y medio. Después hice otro viaje y volví en el 2006, y ahí me quedé.


¿Qué es lo que te fascina de la cultura andina?

La gente. Y el lugar es un flash. Purmamarca es un pueblito de cuatro cuadras, todo de adobe, con el cerro de siete colores. Es mágico. La energía es muy loca. Igual la gente, es muy sencilla. No tienen maldad. Otra cultura, otra educación. Ahora Jujuy es Argentina, no es Bolivia. Tienen la cultura andina, pero una chispa Argentina. Esa mezcla me gusta mucho.


¿Algún consejo para alguien que empieza a sacar fotos?

Que viaje. Y que sea social. Que no tenga miedo de poner la cámara, que vaya a sacar fotos donde quiera, que ande en la calle con la cámara en la mano si puede, así va a sacar las mejores fotos. Que mire, que vaya a hablar con la gente, que no tenga miedo a charlar. Nunca molesta preguntarle a alguien, te va a decir: no, papi, o sí, saca. Y cuando te dicen que sí… ¡ah, listo!


Más fotos de Alex Perret:

http://www.alexperret.org