Entrevista a Juan Xiet, escritor (Parte 1)

“La poesía tiene eso de que vos estás esperando una frase que te mueva algo en la cabeza. Dentro de los textos hay tentáculos poéticos.”


Juan Xiet, escritor (28 años)

Por: Adrián Bechelli y Gaby Areal Velez

Co-fundador del colectivo Poesía Urbana, soñaba con ser forense. Su mezcla de carisma, elegancia (ya es famoso su traje de Giacomo Capelettini) y excelentes textos, llena de brillo sus lecturas. Su máxima obra es la trilogía: Metástasis, Ataque de Pánico y Crematorio. Charlamos en un bar cercano al abasto, a las cinco de la madrugada.



¿Cuál es la mejor edad para un poeta?

Según la óptica. Yo cuando empecé a escribir, lo disfruté mucho. Tenía 12 años, me parece una muy buena edad porque no tenés filtro de nada. Y por ahí era surrealista sin saber que era surrealista. Escribía historias de manos, y de camiones, todo eso metido adentro de una pieza… y era muy raro, pero a mí me ayudaba. Me parecía una muy buena edad.

La edad de ahora es muy buena también, porque siento que empezás a escribir desde otro lugar, ya con una estructura, que es todo lo contrario a cuando sos chico. Ahora en base a esa estructura, voy jugando, si no voy por acá, voy por allá, voy por arriba, por abajo…


¿Cuáles son esas trabas que van apareciendo de grande?

Y… filtros creo que tengo muy pocos o nulos. No tengo ningún tipo de piedad para narrar algo que sale del morbo, o de la soledad, o de la carencia. No metaforizo eso. Por ahí hago otras metáforas para ejemplificar, pero eso puntualmente trato de sacarlo de raíz, como viene. Sin corrección. Me cuesta mucho, mucho corregir. No es que me cueste, no lo hago. Siento que no necesito corregirlo.


¿Cuando construís un texto pensás más en la forma o en el contenido?

Es raro. Lo que conceptualizo es la obra, el final. Pero la unión de la primera letra con el punto final, es improvisación pura. Y durante el transcurso de eso, voy elaborándolo, no lo premedito.


¿Tenés una idea previa de lo que vas a hacer?

No. La primera palabra va a ser la línea. En general empiezo a escribir después de una masturbación. Creo que la escritura es netamente sexual, la que hago yo. No por el contenido sino por la necesidad de hacerla. Eso de que, estás en el momento, te vaciás… Es como una ambivalencia: te querés vaciar, entonces después tenés que escribir para dejar de pensar que te vaciaste. Todos los textos de ese libro (Crematorio) fueron motivados por ese sentimiento. Y en ese caos, en esa desesperación por ordenar el caos, es como una explosión la primera palabra. Después sí, voy uniendo adentro el concepto. Pero me siento en blanco, desde el vacío que te deja esa práctica tan bonita… (Risas)


¿Cuál es tu tema preferido?

Reírme de mí. Siempre. Después hay temas satélites, como la muerte. La muerte es algo muy inspirador para mí.


¿Qué es la muerte para vos?

Todavía lo estoy descubriendo. Creo que nada, un punto final, un traspaso de un lado al otro. No sé qué es.


¿De qué lado a qué lado?

Del lado de la creación al lado de la vuelta al origen. Creo que después que uno se muere, no hay nada. Nada, ni siquiera me imagino desnudo en una nube.


Cero reencarnación tu teoría…

Sí, yo creo que es ahora, acá. Te morís y listo. También puede ser porque vengo de una semana en que estoy mirando muchos videos de suicidios, autopsias… Cuando empecé a ver autopsias, o sea cómo abren a un chabón y en quince minutos lo vacían, la imagen del que hace la autopsia con un cucharón de cocina sacando la sangre que está suelta… En ese momento digo: guau, no hay nada, no puede haber nada.

Creo en la energía, y en lo sublime pero acá, cuando uno está vivo. No sé, ojalá pueda cambiar de parecer, reencarnar, una hoja de parra saltando en el Edén, pero no creo.


Me pasa algo muy raro con vos. Cuando pienso en un poeta, el que más me gusta sos vos, pero todos los textos tuyos que me gustan no son poesías. ¿Por qué me pasa eso?

Yo creo que las prosas son poéticas. La poesía tiene eso de que vos estás esperando una frase que te mueva algo en la cabeza. Dentro de los textos hay tentáculos poéticos. No es un texto periodístico, tiene todo un mejunje y una atmósfera poética, supongo. Te puede pasar por eso. O también por el mito del tipo que escribe y está medio loco… pero no creo. Yo creo que es porque es prosa poética.


Quizás sea que pienso a un poeta como un ser que tiene una mirada propia. Y lo que siempre tienen tus textos son miradas originales de la realidad. Por eso no me importa el formato, da igual. ¿Vos te sentís un poeta?

No, no. Jamás.


¿Qué te sentís? ¿Un qué?

Un chabón que necesita escribir. No, poeta nunca. Nunca me sentí y no creo que me sienta. Me parece muy solemne, no sé. Yo me imagino a Li Po, que es un poeta chino o japonés, que le escribía a la luna en el año quinientos, y muere tirándose al lago sobre reflejo de la luna para abrazarla. O a Rimbaud subido en una mesa meando a los que se creían poetas. Esas me parecen actitudes de poetas. Yo no.

Y también desconfío de los que se dicen poetas. Cuando veo poetas que se autodenominan poetas, veo ego nada más, no veo necesidad. Veo chabones que están actuando y no les creo.

Por eso digo: soy escritor, necesito escribir. No puedo no escribir. Tengo que escribir para estar vivo. Si hubiera una ley interna, dirigida por una cúpula de señores poderosos, que prohibieran escribir, yo me volvería loco.

Por eso digo que lo solemne de la poesía se lo auto rotulan las mismas personas, y no me interesa eso. Yo estoy bastante en contra de ser egocéntrico y no decir nada, que es lo que veo en todas las lecturas de poesía que voy. Veo eso: personas que se creen poetas que hablan de cosas que no tienen magia, me aburren y me hacen muy desgraciado. Es muy poca la gente que veo y digo: no, este chabón está diciendo algo, y son los que no se autodenominan poetas.


¿Qué tiene que tener un texto interesante?

Yo creo que el lector se tiene que identificar.

A mí me pasó que el primer libro que saqué son poesías, muy abstractas. Y llegó un momento que no me identificaba con el texto.

Entonces, empecé a verme a mí y me di cuenta que tenía un montón de cosas para sacar afuera y para foguear. Creo que si el lector llega y se identifica, le va a quedar.

Hay un texto en el libro que habla de cómo acepté mi nariz. Me pasó de una chabona que lee el libro cinco días antes de una operación de nariz, y no se operó, por leer el libro. Entonces, si yo hubiera escrito una poesía abstracta de mi nariz, no hubiera surgido el mismo efecto. Ella se vio en el texto. Como que, puso play y simplemente el texto aconteció, no tuvo que filtrarlo, era eso.

Pero si yo hablo de: porque el duende metido adentro del dado, del cubilete que tiraba el mago pero que en realidad no era el mago sino que era mi mamá, la gente dice: ah, bueno, como unís las palabras. Pero no, no entra la gente, queda afuera, queda en la frontera.

Y a mí me interesa que se rompa la barrera del papel, de la letra, de todo, y que le entre. Me interesa mucho eso, que el tipo se identifique, que la persona se identifique, diga: loco, a mí me pasa lo mismo, que es lo que me pasó con las personas que me influenciaron.

Artaud, por ejemplo, a mí me rompió todos los esquemas pero no, nunca pude entrar adentro, me pegaba en otros lados, me apretaba otros botones. Pero cuando leí a Fante, ponele, sí. Es eso, me pasó lo mismo que al chabón. Yo te lo escribo desde mi mirada, desde mi experiencia, pero es lo mismo.


¿Cómo se lee bien un texto en vivo?

Dándole a cada palabra el tono necesario. Cada palabra que está ahí es por algo, y viene a raíz de algo y deviene en otra cosa, entonces cada palabra tiene su carga energética y su carga tonal. Creo que ahí está la clave.

Es como interpretar una canción, como cuando ves a Louis Armstrong tocando la trompeta, es eso: la interpretación en carne viva de lo que es la obra.

Yo le doy mucha importancia a la palabra, y en vivo, a jugar mucho con la gente.

Vos por ahí lo leés internamente y en determinados momentos no te callás, pero cuando estás en vivo sí, hacés una pausa. Y en esa pausa, la gente entra.


Mientras leés en vivo, ¿en qué pensás?

Pienso en el texto. En la época de Ataque de Pánico pensaba que me moría, que me iba a morir, ahí, leyendo. Pero también pensaba que me iba a morir en todos lados.


¿Sentís a la gente? ¿Sos consciente de la gente que mira o que aplaude?

No, no me lo creo. Hay diferentes aplausos, pero la gente aplaude cualquier cosa, entonces prefiero abstraerme de eso.

Me quedo más con el que viene después y te habla, que con el aplauso. No, pienso en el texto, y en mí, en que me hace bien leerlo.

Hoy por ejemplo leí para mí. Fui a leer y no me cerraba el lugar, estaba incómodo, no me gustaba la onda, y leí para mí. Hay lugares en que sí, que te sentís bien e interactuás con la gente. Pero en lugares así pienso en el texto, lo revivo.


Dijiste algo hoy, antes de leer: que estaba bueno que estén todos ahí escuchando poesía, ¿qué quisiste decir?

Al margen de que esté cómodo o no, me parece muy mágico el hecho de gente que va a escuchar poesía. Y por eso dije lo del estadio. No estábamos en la cancha de River con ochenta mil personas y un escenario, y gente leyendo. Estábamos ahí, éramos diez y tiene su mística también. Yo creo que cuando sea viejo me voy a acordar de eso. Para mí es maravilloso.

Porque es muy probable que la mayoría de las personas que estaban ahí tengan una relación con las palabras parecida que la que tengo yo, y es muy probable que la mayoría de la gente que estaba ahí se quede escribiendo hasta muchas… Mucha gente también necesita escribir. Entonces esa unión me parece de tribu, que viene en los genes, de la época de los indios que se juntaban, se pintaban y bailaban. Me retrotrae a eso. Después está el caretaje y el no caretaje y las cosas superfluas. Pero a nivel genético siento eso. Siento esa necesidad de juntarme con el que hace lo mismo que yo.

Después está el que habla mientras el otro lee, que me parece una cagada. Yo siempre me fumo a todos. Trato de, aunque no me guste, callarme. El tipo está ahí leyendo, está ahí desnudándose y lo tengo que respetar, sino voy a otro lado. Voy al cine a ver Alicia en el País de las Maravillas y está todo bien.


Continuará…


Leelo a Xiet en: www.juanxiet.blogspot.com

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5 comentarios:

  1. ta bueno che, aguante xiet y tomi
    buena iniciativa
    abrazo grande
    ale

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  2. no sé nada de poesía ni de la vida pero no quiero morir hoy

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  3. Grande, Xiet. Cuando lo leí me cambió la vida (sí,a sí de fuerte)porque me acompañó en un momento especial que nunca voy a olvidar. Y cuando lo conocí, además de enamorarme de él platónicamente, me sentí felíz de que existiera gente así, de tripas y palabras.
    Juan, sos un grande. Seguí escribiendo, que tu necesidad se convirtió en la de mucha gente.
    Abrazo

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  4. queremos la segunda parte!!

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  5. y la segunda parte de la entrevista????????????????????????

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